Los Partidos Políticos en los Sistemas Democráticos
José Adrián Ivorra Alemañy1
Introducción
omenzamos este artículo con una firme posición de partida, los partidos políticos son necesarios e insustituibles en los sistemas democráticos, son el principal instrumento de articulación de preferencias de los ciudadanos y el interlocutor básico entre la sociedad y el Estado. Los partidos políticos, sobre todo, son los actores encargados de solucionar los problemas de acción colectiva de los ciudadanos y conseguir beneficios colectivos para los ciudadanos.2
Diferentes autores comparten también este sentir, José Ramón García Cotarelo y Juan Luis Paniagua Soto señalan que “los partidos políticos son los principales actores políticos de las sociedades contemporáneas” (GARCÍA COTARELO; PANIAGUA SOTO, 1987, p. 330). Pablo Oñate manifiesta que los “partidos son instituciones fundamentales para el desarrollo del sistema democrático contemporáneo” (OÑATE, 1997, p. 251). Angelo Panebianco (1990) y Giovanni Sartori (1997) también comparten este parecer.
Los partidos políticos han ido evolucionando hasta nuestros días y su presencia se ha ido generalizando en la mayoría de los Estados. Esta evolución y transformación experimentada por los partidos políticos no ha ido siempre acorde con las necesidades y las demandas de los ciudadanos. En muchas ocasiones esta evolución de los partidos políticos atendía, y a veces sigue atendiendo, a los requerimientos de determinados grupos sociales.
En la actualidad, el papel que representan y las funciones que desarrollan los partidos políticos en los sistemas democráticos son objeto de discusión y crispación entre los ciudadanos y objeto también de análisis y revisión por muchos teóricos. Un buen ejemplo de estas reflexiones son los estudios de M. Ostrogorski (1979), Roberto Blanco (1996), Chantal Mouffe (1999) o Josep Maria Vallés (2000).
El propósito de los siguientes apartados es establecer una definición sobre los partidos políticos prestando una especial atención a la importancia que tienen las elecciones en la existencia y en la supervivencia en el sistema de estos actores políticos. También analizamos las funciones que los partidos políticos realizan e incidimos en la posible crisis por la que atraviesan los partidos políticos en los sistemas democráticos. Pese a la abundante producción bibliográfica, parece no existir consenso entre los autores respecto a estos temas señalados.
El Axioma de los Partidos Políticos y las Elecciones
Los partidos políticos pueden ser definidos como organizaciones formales y voluntarias de individuos, que están organizados jerárquicamente, que evolucionan en el tiempo y no siempre acorde con el entorno. Los partidos políticos están unidos por la defensa de unos intereses y fomentan en los sistemas democráticos la cultura política e incentivan en los ciudadanos la sociabilización política.
Como vehículos de transmisión que canalizan las demandas y las sensibilidades de los ciudadanos, los partidos políticos los representan en las instituciones democráticas, y presentan a sus candidatos a elecciones libres y democráticas con el firme y decidido propósito de obtener representación y conseguir el poder. Uno de los principales y fundamentales objetivos de todos los partidos políticos es alcanzar el poder gubernativo para implementar en la sociedad su programa político.
Los partidos a través de la competición partidista en elecciones libres y democráticas articulan las preferencias de los ciudadanos. En este sentido, analizamos otro de los axiomas fundamentales de los partidos políticos como representantes de los ciudadanos en los Parlamentos, los partidos expresan, canalizan y aúnan los requerimientos, intereses y demandas de los ciudadanos. Por lo tanto, los partidos políticos, como interlocutores básicos y necesarios entre el Estado y la sociedad civil, permeabilizan las sensibilidades de los ciudadanos, agregan sus preferencias y canalizan sus demandas.
Las elecciones y sus resultados tienen una gran incidencia en la existencia y supervivencia de los partidos políticos en los sistemas democráticos y en la consecución de sus objetivos. Los partidos políticos pretenden presentarse a más de una convocatoria electoral y para conseguir este propósito se articulan en una organización estable. Diferentes autores defienden en sus estudios este aspecto, un buen ejemplo lo encontramos en las obras de Giovanni Sartori (1997, p. 89), Josep Maria Vallés (2000, p. 345) y Mónica Méndez (2000, p. 9).
En los sistemas democráticos, las elecciones tienen una gran trascendencia política al reconocer la voluntad del pueblo, ya que los ciudadanos eligen a sus representantes, y por otorgar legitimidad democrática a los partidos, a sus representantes, y a las diferentes instituciones políticas. Las elecciones posibilitan representación de los ciudadanos, provocan gobierno y otorgan legitimidad a los gobernantes.
Por un lado, es conveniente subrayar la importancia que tienen las elecciones en la supervivencia de los partidos políticos, ya que éstos se presentan y recurren a ellas para obtener votos y así poder existir dentro del sistema. Pues, si los partidos no obtienen representación en las instituciones de los sistemas democráticos, difícilmente pueden existir porque los partidos y sus cuadros dirigentes no disponen de los recursos, mecanismos, medios e instrumentos adecuados y necesarios para su propia supervivencia.
Y por otro lado, subrayamos también, el interés que tienen los partidos políticos en obtener el mayor porcentaje de votos posible en las contiendas electorales para conseguir las mayores cuotas de representación y poder asequibles en las diferentes instituciones de los sistemas democráticos.
Por lo tanto y resumiendo los principales enunciados expuestos, afirmamos que los partidos políticos son actores fundamentales en los sistemas democráticos y el principal medio de articulación y agregación de preferencias de los ciudadanos. Los partidos políticos se presentan a las elecciones con el firme propósito de alcanzar el poder gubernativo para implementar su programa político.
Las elecciones, como hemos analizado, posibilitan la supervivencia y la existencia de los partidos políticos dentro del sistema político. Las elecciones, asimismo, son ocasionadoras, una vez la existencia ya está clarificada, del acceso al poder gubernativo de los partidos a través del respaldo mayoritario de la ciudadanía
Una vez descritos y analizados algunos axiomas sobre los partidos y significado la importancia que tienen las elecciones y sus resultados sobre la existencia y supervivencia de los partidos políticos en el sistema, analizamos a continuación las funciones que realizan los partidos en los sistemas democráticos.
Las Funciones de los Partidos Políticos
Las funciones que han desempeñado los partidos políticos han evolucionado con el transcurso del tiempo y se han ido adaptando a las diferentes demandas y a los distintos requerimientos de la sociedad. Para indagar sobre el papel que acometen los partidos en los sistemas democráticos es necesario señalar que todos los partidos políticos, con independencia de su ideología, organización y propósitos cumplen y desarrollan unas funciones en el sistema político.
Las funciones que acometen los partidos políticos en los sistemas democráticos, principalmente vienen marcadas por ser partidos políticos y no por su ideología, organización y propósitos, aunque todos estos aspectos, no lo olvidemos, son elementos importantes en el desarrollo de las funciones que los partidos llevan a termino en los sistemas democráticos.
Al ampliarse el sufragio se potencializaron las funciones del Parlamento y la consecuencia más inmediata de la ampliación del sufragio fue la de posibilitar una mayor independencia del Parlamento y ocasionar, asimismo, un mayor desarrollo de las instituciones representativas. La extensión del sufragio también propició la acentuación y ampliación de las funciones de los partidos políticos. Los partidos se vieron obligados a organizarse y a difundir sus propuestas entre los ciudadanos para lograr el mayor número de electores posibles y alcanzar, de este modo, el poder gubernativo para implementar sus políticas.
Es conveniente recordar que el origen y el posterior desarrollo de los partidos políticos está condicionado, entre otros factores, por el contexto en el que nacen y en la forma en la que lo hacen. Los partidos políticos tienen su origen en Europa en el siglo XIX. Existe un consenso generalizado en la mayoría de los autores en datar el origen de los partidos en el siglo XIX, como se puede observar en las obras de Maurice Duverger (1981), Ramón García Cotarelo (1996), Stefano Bartolini (1996), Giovanni Sartori (1997) o Robert Dowse y John, A. Hughes (1999).
En la actualidad, las principales funciones que desarrollan los partidos políticos en los sistemas democráticos son; a) legitimar el sistema político, b) canalizar y armonizar los intereses y las demandas de los ciudadanos, c) representar a los ciudadanos, d) sociabilizar, movilizar y crear opinión pública, e) crear e impulsar la cultura política, f) reclutar a las elites políticas, y, g) conseguir el poder político.
En el debate académico, sí existe un consenso generalizado entre los académicos en explicitar y significar cuales son las funciones que desarrollan los partidos políticos en los sistemas democráticos. Prueba de este consenso son las aportaciones de Klaus Von Beyme (1986), Jordi Matas (1996), Pablo Oñate (1997) y Robert Dowse y John A. Hughes (1999). Pero no existe entre los autores un acuerdo generalizado, como podremos observar a continuación, en significar cuál de las funciones llevadas a cabo por los partidos políticos en los sistemas democráticos es la más importante.
Por un lado, G. Almond y B. Powell (1972) o Giovanni Sartori (1997), señalan que la principal función de los partidos políticos es la de canalizar los intereses de los ciudadanos. Sin embargo, Albert O. Hirschman (1970) y Pablo Oñate (1997) afirman que la principal función de los partidos políticos es la de servir de mediación y comunicación entre el Estado y la sociedad.
La tesis defendida en este artículo es que si bien es verdad que los partidos políticos cumplen importantes e incluso cruciales funciones en los sistemas democráticos, la función más importante que desarrollan es la de alcanzar el poder político para implementar en la sociedad su particular visión de la realidad. Un gran número de autores comparten también esta afirmación, L. Epstein (1967), J. Schumpeter (1968), Maurice Duverger (1981), Klaus Von Beyme (1986) Emilio Lamo de Espinosa (1996) Jordi Matas (1996) M. Weber (2000), Otto Kirchheimer (2001) o Manuel Alcántara y Flavia Freidenberg (2001).
Los partidos políticos, como hemos argumentado, pretenden alcanzar el poder gubernativo a través de una contienda propagandística pacífica en unas elecciones democráticas para poder llevar a la práctica su programa político. Una vez alcanzado ese poder, los partidos políticos y sus cuadros dirigentes quieren mantenerlo y en la medida de lo posible aumentarlo.
Por lo tanto, los partidos políticos desempeñan distintas y necesarias funciones en los sistemas democráticos, pero en la actualidad la posición que ocupan, el papel que representan, las funciones que desarrollan, su eficacia y su transparencia en la gestión pública están siendo cuestionadas por los ciudadanos y analizadas por diferentes autores. El propósito del siguiente epígrafe es averiguar que está sucediendo con los partidos políticos en los sistemas democráticos.
¿Crisis Partidista?
En los últimos años son cada vez más numerosas las tesis sostenidas por diferentes autores que se cuestionan el papel desempeñado por los partidos políticos en los sistemas democráticos, un buen ejemplo de estas tesis lo encontramos en las obras de M. Ostrogorski (1979), Roberto Blanco (1996), Chantal Mouffe (1999) o Josep Maria Vallés (2000).
En los actuales sistemas democráticos existe un creciente distanciamiento entre los partidos políticos y los ciudadanos, y se está generando una progresiva desconfianza y apatía de los ciudadanos hacia los partidos políticos y al papel que ellos desempeñan en el sistema. Este distanciamiento entre los partidos y la sociedad ha generado inactividad y desafección política y ha desembocado en una desconfianza generalizada de la sociedad civil hacia las instituciones democráticas.
Esta desconfianza y apatía política incide en el tránsito de la política, entorpece el funcionamiento de las instituciones y dificulta el tránsito de los sistemas democráticos en muchos países. Los ciudadanos demandan una reflexión profunda de los políticos y una redefinición de las funciones que desempeñan los partidos en los sistemas democráticos, con esta reflexión y redefinición se conseguirá que no se rompa el vínculo, necesario en todo sistema democrático entre sociedad, partidos políticos y Estado.
El Centro de Investigaciones Sociológicas de España realizó en 2004 un estudio (Estudio no 2575) sobre “Ciudadanía y Participación” en el Estado español. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) está adscrito al Ministerio de Presidencia español y tiene como finalidad el estudio científico de la sociedad española.
El estudio realizado por el CIS corrobora la desafección política que tienen los ciudadanos hacia la política tal y como hemos afirmado anteriormente. En el estudio se les pregunta a los ciudadanos si les interesa la política, el 41% de los ciudadanos afirma que la política les interesa poco, al 26,1% de los ciudadanos la política no les interesa nada, al 25,6% les interesa bastante y solo al 5,6% de los ciudadanos la política les interesa mucho.
En ese mismo estudio el 88,3% de los ciudadanos afirma que no ha pertenecido nunca a un partido político, el 4,9% afirma que pertenecía a un partido político y ahora ya no pertenece, el 3% señala que pertenece pero que no participa activamente y tan solo el 2,9% de los ciudadanos afirma que pertenece a un partido político y que participa activamente.
Los partidos políticos son percibidos por la sociedad como organizaciones burocráticas y centralizadas que no fomentan la participación. Los partidos políticos no permiten que los ciudadanos elijan a quienes van a ser los candidatos de los partidos en los comicios electorales. Este es un buen ejemplo de la escasa participación, de la falta de democracia interna y del grado de burocratización y de centralización que tienen en la actualidad la mayoría de los partidos.
Otro de los factores que nos ayudan a entender este distanciamiento entre los partidos políticos y los ciudadanos lo contextualizamos en el amplio dominio que los partidos políticos ejercen en todos los ámbitos de la sociedad. M. Ostrogorski, con una concepción crítica sobre los partidos políticos, plantea que los partidos políticos son un instrumento de dominación de la elite política, que utiliza programas ómnibus, es decir, programas universales que nunca se cumplen (OSTROGORSKI, 1979, p. 209).
En la sociedad mediática en la que vivimos existe también una gran dicotomía. Si bien por un lado somos consumidores de un gran volumen de información, por otro lado existe un importante déficit de información política y un acuciante déficit de transparencia política. El ciudadano no es partícipe de esa información y se siente alienado, aparece entonces, el sentimiento de anomia tan preconizado por Emile Durkheim (1972) y George Simmel (1986). Volvemos a revisar las teorías clásicas para entender el presente más inmediato de nuestra sociedad.
En la actualidad y en repetidas ocasiones, el Congreso no es el foro de debate, el nuevo foro de debate se encuentra en los medios de comunicación. Los medios, en muchas ocasiones, teñidos de intereses y plagados de divergentes visiones de la realidad, se convierten en sentenciadores de informaciones, los partidos en muchas ocasiones alimentan esta situación y los ciudadanos concientes de estas disgregaciones, atienden y aprehenden de los medios afines y partícipes de sus sensibilidades políticas.
La corrupción emanada y sustentada por algunos partidos políticos en los sistemas democráticos es otro de los factores que han propiciado este “antipartidismo” y ha agudizado la crisis y el distanciamiento existente entre los partidos políticos y los ciudadanos. Estas corrupciones han provocado una pérdida de credibilidad, no solo de los partidos políticos como instituciones, sino también de la clase política.
Como señalábamos anteriormente, los partidos políticos pretenden conseguir el poder gubernativo para llevar a término su programa político. En este contexto, los partidos políticos enfatizan la competencia partidista en los comicios electorales con programas ómnibus. Los partidos políticos se convierten, de este modo, en máquinas electorales cuyo primordial objetivo es conseguir el mayor número de votos para rentabilizarlos en la conversión de votos en escaños en las instituciones democráticas.
Por lo tanto afirmamos que los partidos políticos, actores por excelencia de la escena política, se han ido adaptando a los profundos cambios acaecidos en los sistemas democráticos. Los partidos políticos en la actualidad proponen programas ómnibus, es decir, programas destinados a captar la simpatía y el voto del mayor número de electores posibles. Los electores se posicionan mayoritariamente en el centro político.
En este intento por conseguir ocupar el centro político, los partidos evitan la confrontación ideológica y enfatizan la eficiencia económica como legitimadora de su praxis política. Es decir, los partidos y sus representantes sustituyen en sus discursos y en sus campañas propagandísticas ideología por gestión. En los programas elaborados por los partidos hay también temas y propuestas compartidas por otros competidores políticos, aunque los partidos siempre intentan buscar especificidades para diferenciarse de los otros adversarios políticos en las contiendas electorales.
Los partidos políticos en su afán de conseguir aglutinar a un gran número de electores, en muchas ocasiones pierden sus anclajes ideológicos y tienden y derivan al centro. En este sentido, Chantal Mouffe sostiene que “el deslavazado consenso en torno al centro ha generado un vacío político, responsable en parte del fortalecimiento de la extrema derecha [...] el problema básico de la política europea estriba en la incapacidad de constituir unas fuerzas políticas que doten de un vocabulario adecuado a los antagonismos surgidos en las últimas décadas” (MOUFFE, 1999, p. 25).
Daniel Bell, publicó en 1960, El fin de las ideologías. En el libro, Daniel Bell analiza los cambios estructurales acontecidos en la sociedad norteamericana durante las últimas décadas, y el tema propiamente dicho del “fin de las ideologías”. Respecto a esta última cuestión Daniel Bell desarrolla su tesis sobre el agotamiento de las ideas políticas en los años cincuenta. El autor lo entiende como un agotamiento de las controversias ideológicas entre distintas concepciones del mundo que reclamaban para sí la verdad. Según el autor, la lucha ideológica ha sido desplazada por una política pragmática tendente a buscar soluciones concretas a problemas concretos.
¿Ha sido la Lucha Ideológica Desplazada por una Política Pragmática?
Acaba de cumplirse, hace pocos años, el décimo aniversario de la publicación, “El fin de la Historia”, de Francis Fukuyama, un polémico ensayo en el que el autor formula la idea de un posible final de la historia. La conclusión principal a la que Francis Fukuyama llega en el citado libro, es que la humanidad ha alcanzado en las postrimerías del siglo XX, el punto final de su evolución ideológica con el triunfo de la democracia liberal occidental frente a sus presuntos émulos, el fascismo y el comunismo.
¿Ha Llegado la Historia a su Fin?
Norberto Bobbio publicó en 1995, una obra titulada, Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política. El autor afirma que podemos y es conveniente utilizar los conceptos, derecha e izquierda, e implementar en la praxis política sus postulados. La diferencia más significativa entre ambas concepciones es la actitud sistemática que muestran ante la igualdad, pero entendida no como una utopía, donde los individuos de una sociedad sean iguales en todo, sino en la tendencia de convertir en más iguales a los desiguales (BOBBIO, 1995).
¿Es Factible Seguir Utilizando estos Conceptos?
¿Ha sido la lucha ideológica desplazada por una política pragmática?, ¿ha llegado la historia a su fin?, ¿es factible seguir utilizando estos conceptos?, estos interrogantes no son fáciles de contestar. Como hemos argumentado en este artículo, en los actuales sistemas democráticos se ha producido un distanciamiento entre los partidos políticos y los ciudadanos, y existe una creciente desconfianza y apatía hacia los partidos políticos y al papel que ellos desempeñan en la sociedad.
Este distanciamiento entre los partidos y la sociedad ha generado apatía política en los ciudadanos, desafección política y desconfianza de la sociedad civil en las instituciones democráticas. Esa desconfianza y apatía incide en el tránsito de la política, entorpece el funcionamiento de las instituciones y dificulta el desarrollo de los sistemas democráticos en muchos países.
No obstante, junto a estas formas tradicionales de participación aparecen en los sistemas democráticos nuevas formas de participación. Estas nuevas formas de participación son los Nuevos Movimientos Sociales. Este aspecto es analizado por L. Epstein (1967), Claus Offe (1988), Angelo Panebianco, (1990), Víctor Abreu (1994) o Ruud Koopmans (1996). Algunas tesis también apuntan y significan la sustitución progresiva de las funciones que desarrollan los partidos políticos en los sistemas democráticos y la asunción de estas funciones por los Nuevos Movimientos Sociales (NMS).
Esta afirmación es arriesgada, por que la sociedad civil, aunque crítica y en muchas ocasiones decepcionada por el cometido y las acciones de los partidos políticos y sus representantes, deposita y contempla a estos actores políticos como garantes de los sistemas democráticos. Pero es necesario señalar que los partidos políticos son conscientes de la aparición de estas nuevas formas de participación, les han prestado una especial atención, se están adaptando a los cambios y han permeabilizado muchas de sus propuestas y reivindicaciones.
En la sociedad actual, por tanto, se está produciendo un proceso de retroalimentación entre los NMS y los partidos políticos. Este proceso, a veces formal otras veces no, entre los partidos políticos y los NMS es necesaria. Los NMS plasman y muestran las deficiencias y las carencias de los partidos políticos y éstos a su vez escuchan sus voces, permeabilizan sus acciones y toman conciencia de sus reivindicaciones. Este feed-back es interesante porque muestra la capacidad de adaptación de los partidos políticos en los sistemas democráticos.
Esta capacidad de adaptación, este proceso de cambio y de transformación de los partidos políticos a los retos ya planteados y a los nuevos desafíos, obliga a los escépticos a revisar sus conclusiones. José Ramón Montero y Richard Gunther señalan que estos nuevos desafíos “en ningún caso han llevado a la desaparición de los partidos o a su reemplazo por otro tipo de organizaciones (como los grupos de interés o los movimientos sociales) o prácticas institucionalizadas (como las de la democracia directa)” (MONTERO; GUNTHER, 2002, p. 15).
Los partidos políticos, aunque cuestionados y criticados, siguen siendo los actores privilegiados de la escena política y afirmamos también que su papel en los sistemas democráticos es necesario e insustituible. Esta tesis es defendida también, por un gran número de académicos, Pablo Oñate (1997), Mónica Méndez (2000), José Maria Vallés (2000) o José Ramón Montero y Richard Gunther (2002).
La ideología puede ser entendida como un mapa conceptual que ayuda a los ciudadanos a entender y a descomplejizar la realidad. Los partidos políticos, desarmados en muchas ocasiones de la ideología, pierden sus anclajes y derivan errantes por los avatares de la política y de los acontecimientos. Los ciudadanos perciben esta deriva sin timón y en muchas ocasiones se aferran a programas populistas carentes de anclaje ideológico.
Las ideologías pueden ser un buen anclaje para los partidos políticos. Norberto Bobbio afirma que “el árbol de las ideologías está siempre reverdeciendo” (BOBBIO, 1995, p. 13). Pues bien, ese reverdecimiento tiene que incidir en las tareas encomendadas a los partidos en los sistemas democráticos y tiene que permeabilizar en los partidos políticos las demandas y las necesidades de los ciudadanos.
En este contexto es conveniente explicitar, por tanto, la necesidad de las ideologías en los sistemas democráticos actuales, y analizar con cautela las afirmaciones que Daniel Bell (1960) en la década de los sesenta auspiciaban el fin de las ideologías, o a las que significaba Francis Fukuyama (1996) del fin de la historia con el triunfo de la democracia liberal frente a sus presuntos émulos, en la década de los noventa. Las ideologías en los actuales sistemas democráticos son importantes y precisas.
Podríamos concluir afirmando que los partidos políticos son necesarios e insustituibles en los actuales sistemas democráticos, pero en la actualidad, son partícipes de una crisis y precisan una profunda transformación. Los ciudadanos demandan esa transformación. Las ideologías, afirmamos también, pueden ser un sólido anclaje para los partidos políticos en su caminar por la alameda de la política.
Referencias
ABREU FERNÁNDEZ, V. Actores políticos. En: PASTOR, M. (Coord). Fundamentos de ciencia política. Madrid: McGraw-Hill, 1994.
ALCÁNTARA SÁEZ, M.; FREIDENBERG, F. (Ed.). Partidos políticos de América Latina. Cono Sur. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2001.
ALMOND, G.; POWELL, B. Política comparada. Buenos Aires: Piados, 1972.
BARTOLINI, S. Partidos y sistemas de partidos. En: PASQUINO, G. (Comp.). Manual de Ciencia Política. Madrid: Alianza Universidad, 1996.
BELL, D. The end of ideology: on the exhaustion of political ideas in the fifties. Glencoe, IL: Free Press, 1960.
BLANCO VALDÉS, R. L. La democracia y el poder de los partidos. Claves de Razón Práctica, n. 63, p. 24-33, 1996.
BOBBIO, N. Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política. Madrid: Taurus, 1995.
DOWSE, ROBERT; Y HUGHES, JOHN, A. Sociología política. Madrid: Alianza Editorial, 1999.
DURKHEIM, E. Educación y sociología. Buenos Aires: Shapire, 1972.
DUVERGER, M. Los partidos políticos. Madrid: Fondo de Cultura Económica, 1981.
EPSTEIN, L. Political parties in western democracies. New York: Columbia University Press, 1967.
FUKUYAMA, F. El fin de la historia y el último hombre. Barcelona: Planeta, 1996.
GARCÍA COTARELO, R.; PANIAGUA SOTO, J. L. Los actores políticos y sociales. En: ______. Introducción a la ciencia política. Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1987.
GARCÍA COTARELO, R. Los partidos políticos. Madrid: Editorial Sistema, 1996.
HIRSCHMAN, A. O. Exit, voice and loyalty. Harvard: University Press, 1970.
KIRCHHEIMER, O. Justicia política: empleo del procedimiento legal para fines políticos. Granada: Comares, 2001.
KOOPMANS, R. New social movements and changes in political participation in Western Europe. West European politics, London: Frank Cass and Co., v. 19, n. 1, p. 28-50, jan. 1996.
LAMO DE ESPINOSA, E. Partidos y sociedad. Claves de Razón Práctica, n. 63, p. 34-43, 1996.
MATAS DALMASES, J. Los partidos políticos y los sistemas de partidos. En: CAMINAL BADÍA, M. (Coord.). Manual de Ciencia Política. Madrid: Tecnos, 1996.
MÉNDEZ LAGO, M. La estrategia organizativa del Partido Socialista Obrero Español. Madrid: Centre de Investigaciones Sociológicas, 2000.
MONTERO, J. R.; GUNTHER, R. Sistemas cerrados y listas abiertas: sobre algunas propuestas de reforma del sistema electoral en España. En: ______. La reforma del régimen electoral. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales, 1994. p. 22-24.
MOUFFE, C. El retorno de lo político: comunidad, ciudadanía, pluralismo, democracia radical. Barcelona: Piados, 1999.
OFFE, C. Democracia de competencia entre partidos y el Estado de bienestar Keynesiano. Factores de estabilidad y desorganización. En: VV.AA. Partidos políticos y Nuevos Movimientos Sociales. Madrid: Sistema, 1988.
OÑATE, P. Los partidos políticos. En: DEL ÁGUILA, R. (Ed.). Manual de Ciencia Política. Madrid: Trotta, 1997.
OSTROGORSKI, M. La démocratie et les partis politiques. París: Du Seuil, 1979.
PANEBIANCO, A. Modelos de partido. Madrid: Alianza Universidad, 1990.
SARTORI, G. Partidos y sistemas de partidos. Madrid: Alianza Editorial, 1997.
SIMMEL, G. Sociología: estudio sobre las formas de socialización. Madrid: Alianza, 1986.
SCHUMPETER, J. Capitalismo, socialismo y democracia. Madrid: Aguilar, 1968.
VALLÈS, J. M. Ciencia Política. Una introducción. Barcelona: Ariel Ciencia Política, 2000.
VON BEYME, K. Los partidos políticos en las democracias occidentales. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 1986.
WEBER, M. El político y el científico. Madrid: Alianza, 2000.
1Profesor do Departamento de Sociología y Política Social da Universidad de Murcia. E-mail para contato: ivorralemany@latinmail.com
2Somos conscientes que existen partidos que interactúan al margen de las reglas comúnmente establecidas y aceptadas en los sistemas democráticos. Esos partidos que actúan y desarrollan sus actividades al margen de la ley no son objeto de estudio y de análisis en este artículo.
|